El interculturalismo quebequés: una alternativa al multiculturalismo
En el mundo actual, el intercambio de culturas debido a la globalización y la inmigración ha transformado el paisaje sociodemográfico de las grandes ciudades. En sociedades democráticas, el reconocimiento y el respeto a la diversidad cultural aseguran la seguridad de aquellas minorías que históricamente se han visto perseguidas o desprotegidas ante mayorías étnicas.
No obstante, este escenario de yuxtaposición cultural, o «multiculturalismo», ha generado tensiones entre las personas recién llegadas y los habitantes originarios de la región: temas como la distribución de ayudas, los programas de integración laboral para minorías o las figuras públicas —de origen o descendencia inmigrante— en representación de la nación suscitan pretensiones. Si bien es común que encontremos espacios donde la polarización y el populismo redirigen el problema hacia un discurso xenófobo, esto no tiene por qué llevarnos a movimientos xenófobos, sino a un debate sobre la integración cultural. Este es el caso de la región de Quebec en Canadá y su «interculturalismo».
Canadá, un mosaico demográfico
El modelo canadiense siempre se ha basado históricamente en la inmigración y la buena integración de personas de diversos orígenes. Esta migración es la mayor contribución histórica al desarrollo económico del país. Tal es la magnitud del fenómeno que el último censo federal de 2021 reveló que el 23% de la población nació fuera del país. La población que se considera étnicamente canadiense es solo del 15%, seguida por las de origen inglés, escocés e irlandés y un 5% de origen aborigen. Aunque hay que aclarar que esto no indica que nacieron en esos países, sino la autopercepción cultural de cada ciudadano. Todo esto ha llevado a que se utilice el término «mosaico cultural» para describir la composición étnica de Canadá.
Debido a ello, los líderes políticos comprendieron que la llegada de inmigración es una oportunidad que no debían desaprovechar. Desde la década de los 80, la posición del gobierno federal fue clara en favor de la multiculturalidad de la sociedad. Primero con la mención explícita de la multiculturalidad en la Carta Canadiense de Derechos y Libertades en 1982 y posteriormente con la aprobación de la Ley de Multiculturalidad de Canadá aprobada en 1988, en el que se promueve la diversidad cultural, la igualdad ante la ley y el deber de las instituciones de promover la igualdad de oportunidad y la protección contra la discriminación.
No obstante, si bien la intensidad migratoria ha conllevado este fenómeno, Canadá es un país históricamente colonizado por franceses e ingleses. Esta rivalidad por el territorio norteamericano acabó con la entrega de la Canadá francesa (parte de Nueva Francia) a Reino Unido en 1763 tras la guerra franco-indígena (1754-1763), por el control de América. Es importante este dato, ya que implicaba que dentro de la Canadá colonial, tras la caída del dominio francés, la región de Quebec quedó subordinada al control inglés y, por ende, la población quebequesa se convirtió en una minoría política cuya identidad quedó expuesta ante las decisiones de los ingleses.
Desde entonces, nuevos influjos de migración llegaron a Canadá, una tendencia que se ha mantenido hasta el día de hoy. Ahora, una población francoparlante busca defender su identidad ante una población cada vez más diversa. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿es la multiculturalidad propuesta por el gobierno federal apropiado para la Canadá francesa teniendo en cuenta la particularidad identitaria de la región?

El interculturalismo y la prevalencia de la identidad francesa en Quebec
Una característica que sobresale en el territorio de Quebec, es el orgullo que las personas tienen sobre el legado francés. La bandera oficial de la región es la «Fleurdelisé», una bandera azul divida en cuartos por una cruz blanca y decorada por cuatro Flores de Lis, emblemas de los Borbones— la casa real en el poder durante la caída de la Canadá francesa—; el uso extensivo del francés o la secularización de la vida pública en Quebec. Además, La representación política en el parlamento nacional a través del Partido Quebequés, que aboga por la independencia de la región.
No obstante, cabe destacar el caso de la lengua francesa. En un contexto en donde el inglés es la lengua dominante en Norteamérica, Quebec percibe el francés como un rasgo vulnerable a proteger. Por ello, para contestar a ello, los políticos de la región promulgaron leyes destinadas para garantizar el francés. Podemos destacar la Carta de la Lengua Francesa de 1977 (Ley 101), que regula su uso en la educación, la administración y el ámbito laboral.
En este contexto surge el interculturalismo quebequés como alternativa al multiculturalismo federal canadiense. La Ley 493 de Quebec sobre interculturalismo, promulgada en 2015, oficializa los principios de este movimiento, que se ha teorizado desde el siglo XX. A diferencia del multiculturalismo, que promueve la igualdad de todas las culturas, el interculturalismo parte de una cultura pública común basada en el francés. Este modelo no rechaza la diversidad ni la inmigración, pero exige que los recién llegados participen activamente en la vida francófona de la provincia. Así, el interculturalismo es un proceso bidireccional: la sociedad acoge y respeta la pluralidad cultural, y los inmigrantes se comprometen a aprender francés y adoptar valores cívicos compartidos. Quebec acepta la mezcla cultural, pero condicionada a proteger su legado cultural francés, minoritario frente a la influencia inglesa en Norteamérica.

Sin embargo, el interculturalismo no está exenta de críticas. Detractores alegan que el interculturalismo es en la práctica una asimilación suave de los valores culturales quebequeses, en detrimento a otras culturas aún más minoritarias. Por otro lado, recientemente, críticos atacan la falta de libertad religiosa que el interculturalismo defiende para los espacios públicos.
El interculturalismo como solución o alternativa al multiculturalismo
En conclusión, a pesar de las críticas, el modelo adoptado por la provincia de Quebec nace como una solución intermedia entre el multiculturalismo impulsado por el gobierno federal y la asimilación propuesta por los sectores más tradicionales. En un contexto donde la las migraciones enfrentan el auge de discursos identitarios excluyentes, el caso de Quebec invita a reflexionar sobre cómo construir sociedades cohesionadas sin renunciar al pluralismo. Su experiencia demuestra que la integración cultural es un ejercicio político que requiere diálogo, adaptación y un delicado equilibrio entre diversidad y cohesión social.
